Pasear por las callejuelas empedradas de la zona vieja de Santiago de Compostela siempre tiene ese punto mágico, con el olor a piedra antigua y el bullicio de los peregrinos, pero lo que de verdad marca la diferencia es saber que a pocos pasos tienes un sitio donde puedes resolver cualquier duda de salud sin complicarte la vida. Yo, que llevo años asesorando en parafarmacia por aquí, veo cada día a gente que entra con cara de “no sé ni por dónde empezar” y sale con la sensación de haber encontrado exactamente lo que necesitaba. Precisamente en esos momentos es cuando me doy cuenta de lo práctico que resulta tener asesoramiento profesional cerca de casa para elegir desde un buen solar hasta suplementos vitamínicos que realmente marquen la diferencia, y todo sin tener que coger el coche o fiarte de lo primero que sale en internet. Cuando alguien me pregunta por opciones locales, siempre termino recomendando que se pasen por los artículos de parafarmacia Santiago de Compostela porque aquí el consejo no es genérico, es personalizado y se adapta a tu día a día real.

Imagínate que estás preparando las vacaciones y necesitas un solar que no solo proteja, sino que además no te deje la piel como un pegote grasiento. En la parafarmacia te explican con calma las diferencias entre filtros químicos y minerales, te prueban la textura en el dorso de la mano y te cuentan cómo ese solar con SPF 50 que lleva antioxidantes va a combatir los radicales libres que genera el sol gallego incluso en días nublados. No es solo comprar un bote cualquiera; es entender que tu piel, que ya de por sí sufre con la humedad constante de la zona, necesita algo que hidrate al mismo tiempo que protege, y que además no te deje blanco como un fantasma. La farmacéutica te muestra varios y te deja probar hasta que encuentras el que se funde con tu tono y no te molesta bajo la mascarilla cuando vas de ruta. Esa atención al detalle hace que luego, cuando estás en la playa de la Lanzada, no tengas que preocuparte de si te estás quemando o si el producto aguanta el sudor y la sal.

Y lo mismo pasa con los suplementos vitamínicos, que parecen todos iguales hasta que alguien con conocimiento te explica por qué uno con vitamina D3 y K2 va a absorberse mucho mejor que el que compraste online el año pasado. Aquí en Santiago, donde la lluvia y las nubes hacen que la exposición al sol sea limitada, la gente suele tener deficiencias que ni siquiera nota hasta que se siente cansada todo el rato. El asesor te pregunta por tu dieta, por si tomas café a todas horas o si haces deporte al aire libre, y te recomienda un complejo que realmente compense lo que te falta sin pasarse y causar desequilibrios. Recuerdo a un peregrino que venía exhausto después de la etapa francesa y que, después de probar un multivitamínico con magnesio y coenzima Q10, me dijo que por fin podía subir las cuestas sin sentir que las piernas le pesaban como plomo. No fue magia, fue elegir el producto correcto después de una charla de diez minutos donde se valoró su edad, su actividad y hasta el estrés del Camino.

Lo genial de tenerlo todo tan cerca es que puedes combinar productos de forma inteligente. Por ejemplo, si tienes la piel seca por el invierno compostelano, te aconsejan un serum con ácido hialurónico que se usa por la mañana y un suplemento de colágeno hidrolizado que actúa desde dentro, y te explican cómo ambos trabajan en equipo para que notes la diferencia en solo un par de semanas. O si estás con defensas bajas después de un resfriado, te montan un pack con vitamina C liposomal, probióticos y equinácea que no solo alivia los síntomas, sino que ayuda a que no recaigas cuando vuelva la humedad. Cada recomendación va acompañada de explicaciones larguísimas sobre por qué ese ingrediente concreto es mejor que otro, con ejemplos de pacientes que ya lo probaron y de estudios que respaldan los resultados. No te venden humo; te dan herramientas para que tú mismo entiendas lo que estás comprando y por qué te va a funcionar de verdad.

Además, el hecho de estar en plena zona vieja significa que puedes pasar por allí después de tomar un café en la plaza de la Quintana o mientras esperas a que abran la catedral. Es comodidad pura. Sales con tu bolsa de productos, te los explican otra vez en la puerta si tienes dudas y vuelves a casa sabiendo que tu botiquín está actualizado y adaptado a la vida real de aquí. Esa cercanía hace que cuidar de ti mismo deje de ser una tarea pesada y se convierta en algo tan natural como dar un paseo por las rúas.

By lola