Se estima que ocho millones de personas sufren acné en nuestro país, según datos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Esta cifra podría incrementarse en los próximos años debido a la correlación existente entre el cambio climático y esta enfermedad inflamatoria. Para cualquier especialista tratamientos acne, el calor excesivo es un “enemigo” declarado de la salud cutánea.
Si bien la formación de granos y puntos negros es un trastorno multifactorial, las altas temperaturas contribuyen a agravar su sintomatología. Las proyecciones científicas sugieren que este agende indirecto aumentará su protagonismo en las próximas décadas, como resultado del incremento gradual de las temperaturas en el Planeta.
Por sensacionalista que pueda parecer, la conexión entre el acné y el cambio climático es una realidad. Se ha demostrado que el calor estimula la actividad de las glándulas sebáceas, que juntamente con las células muertas son responsables de la obstrucción de los folículos pilosos.
Que los adolescentes y otros grupos de riesgo desarrollen más granos durante el periodo estival no es un hecho aislado. La subida de los termómetros empeora los síntomas de ciertas enfermedades cutáneas, incluido el acné.
Aparte de disparar la producción de sebo, el organismo reacciona al aumento térmico a través del sudor, necesario para regular la temperatura corporal y mantener la piel hidratada. Sin embargo, esta respuesta natural acelera el efecto tapón que la mezcla de grasa, sudor y corneocitos causa en los poros de la piel.
Dado que el calor extremo deshidrata la piel, es una creencia errónea pensar que puede secar y hacer desaparecer los signos del acné. Internet y las redes sociales han propagado este mito, sin base científica.
Por todo lo anterior, en las próximas décadas cobrarán importancia el aseo diario, el control del sebo y el uso de geles hidratantes con ácido hialurónico.